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Missatge |
FINBAR

Registrat: 10 Nov 2006 Missatges: 102
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Publicat: Dv 10 Ago 2007, 17:30 Assumpte: LA FILLE SUR LE PONT |
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Dirección: Patrice Leconte
Guión y diálogos: Serge Fridman
Montaje: Joëlle Hache
Intérpretes: Daniel Auteuil, Vanessa Paradis, Bertie Cortez, Jacques Vertan,
Fotografía: Jean-Marie Dreujou
Un puente de París de noche. Una chica se inclina sobre el Sena con los ojos empañados en lágrimas y un ansia enorme de ahogar sus penas. "Pareces una chica a punto de cometer un error", pronuncia una voz por detrás. Alguien, salido de la nada, se preocupa por ella. es Gabor, un lanzador de cuchillos que necesita una diana humana para su espectáculo. La chica, Adèle, que nunca ha tenido suerte y no tiene donde ir, se va con él. |
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FINBAR

Registrat: 10 Nov 2006 Missatges: 102
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Publicat: Dv 10 Ago 2007, 17:42 Assumpte: FUEGO SECRETO |
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SOMETHING
Algo en la forma en que se mueve
que me atrae como ninguna otra que me ha amado,
algo en la forma en que me hace la corte
(no quiero dejarla ahora,
sabes que confío en ella ahora)
Algo hay en su sonrisa, ella sabe
que no necesito nadie más que me ame,
algo hay en su estilo que lo demuestra.
no quiero dejarla ahora...
Me preguntas si mi amor irá a más.
no tengo ni idea, no tengo ni idea.
quédate aquí ahora, a lo mejor de manifiesta.
no tengo ni idea, no tengo ni idea.
Algo en la forma en que ella lo sabe
y todo lo que tengo que hacer es pensar en ella,
algo en lo que ella me demuestre.
LAYLA
¿Qué vas a hacer cuando te quedes sola
y nadie esté esperando a tu lado?
Llevas demasiado tiempo corriendo y escondiéndote.
Sabes que todo es por tu estúpida arrogancia.
Layla, has conseguido que me ponga de rodillas.
Layla, te lo suplico, por favor, cariño.
Layla, cariño, ¿no vas a aliviar mi congoja?
He tratado de darte consuelo
cuando tu marido te ha defraudado.
como un estúpido, me he enamorado de ti.
Todo mi mundo se ha vuelto patas arriba.
A ver si sacamos algo en limpio de esta situación
antes de que me vuelva loco.
Por favor, no digas que no vamos a encontrar
nunca una salida
y que todo mi amor es en vano.
Tradicionalmente, los ligones han vivido del sentimiento (correspondido) de que su ímpetu favorecía sus propósitos. Lean con atención esas dos canciones que George Harrison y Eric Clapton dedicaron a Pattie Boyd para que se fuera a su lado, o para que no estuviese junto al contrincante, que de las motivaciones últimas de un tosco cazador de corazones se puede esperar cualquier cosa. Nunca letras tan bobaliconas produjeron tanto alborozo y desgarramiento juntos. Lo cuenta ella en sus memorias, donde intenta hacer caja a costa de uno de los triángulos mas famosos del “rock and roll”. De acuerdo, eran los babosillos y cursis años sesenta, los de después de Sissi y tal, los de hacer el amor y no la guerra. Todavía hoy, empero, hay demasiada gente que le cuesta separarse de semejante bicoca cuando quiere llevarse al huerto a la chica de su amigo o vender cualquier declaración de intenciones al auditorio que quiera escucharle, que raramente esta vacío. Ya sabe, el pasado inventado que no cesa. Todo empeño del seductor expansivo parece favorecer los intereses del que se expande. Igual antes que ahora, es una ley del imperio masculino. Del lado femenino cae, aún de forma mayoritaria, la responsabilidad que garantize la estabilidad de tal mandato. Así va este tinglao que decimos mundo, que quiere que le diga. Llámelo esto es lo que hay, si le resulta más llevadero.
Ver con la imaginación no es ver fantasías, como le pasa a estos músicos famosones mientras le sacan jugo a las cuerdas de sus guitarras. Buen jugo, todo hay que decirlo, que las letras tontas no restan al talento que permite sacar lo mejor de la vibración de las cuerdas. Hay una mala costumbre en el cine y en la vida que insiste en confundir ambos términos. Fantasía es eso que permite a alguien que no sabe de casi nada hablar de lo que se le ponga a tiro, o bien relacionarse sin aspavientos con una panda de chimpancés verdialados que salgan en la pantalla, o decir en voz alta, para que todo el mundo se entere, que lo único importante en una peli es la historieta. Imaginación es mirar con los ojos. Ya ve. Es la fuerza psíquica central, la única capaz de poner en relación lo consciente y lo inconsciente, y a todo ello con el universo que nos envuelve intentando dotar de formas con sentido a todo ese embrollo intermitente. Por eso la forma de empezar esta chica del puente me parece del todo acertada, en lo mas alto, como ha de ser (me recuerda al psiquiatra que comenzaba la primera sesión con su paciente preguntándole por qué no se había suicidado todavía, así con dos; exenta de los falsos abalorios que tejen las canciones que le anuncio al principio, como ejemplo fundacional de toda la fruslería ambiente heredada): No te mates todavía no te mates por favor, deja que lo pueda hacer yo al lanzarte los cuchillos y mientras tanto ganamos dinero, lo cual no es impedimento para que podamos, si viene a cuento, llegar a enamorarnos. No me diga que con esta proposición de muerte, vida y amor (así por este orden, y que no tiene nada de indecente) no queda envuelto, sin ambages, por todo lo que hay, seducido hasta el final de la hora y media siguiente. Además en París, además en un puente sobre el Sena. Quien le da más con menos. Porque lo importante en las primeras palabras de Auteuil (“Pareces una chica a punto de cometer un error") no es que no consigan que Paradis no renuncie a tirarse al río, lo importante es que a usted y a mi le dejan suficiente holgura para meter allí lo que pueda dar de si nuestra inteligencia, y respirar, oír, pensar y estar dispuesto, así, a acompañarles en su itinerario de cuchillos, diálogos y silencios. Y claro que deja. Mucho más, sin duda, que esas memorias de Pattie Boyd, que cuarenta años más tarde nos habla de lo mal que lo pasó con ese amor infernal que supuso su relación a tres bandas con George y Eric. Ese rollo cansino y recurrente de las relaciones entre humanos. Muerte, vida, amor, sí por este orden, para dejar definitivamente de ser un idiota. Todo circulando en el filo de la navaja, suspirando en cada orgasmo porque salimos con vida, gozando, esperando en la siguiente escena de nuevo su roce. Una de las formas de la poética de echar un polvo, donde adquiere niveles tan poderosos, donde los amantes se interpenetran sin rozarse, tan solo leves rasguños. No es frecuente ver a la muerte, la vida y el amor tan cerca del espectador como un todo posible, como Anima Mundi. Lo peor de comparar el vértigo silencioso de esas escenas a punta de cuchillo con las canciones de baba de aquellos dos guitarristas virtuosos es comprobar que, a pesar de lo que ha llovido, todavía estamos más cerca de ellos que de la chica del puente y su amante navajero. Y eso no mola mazo. Llámelo amores perros. |
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